Banjiha: un vistazo a los subterráneos de “Parasite”

Written by on Febrero 13, 2020

Los protagonistas de Parasite, la película sur coreana que se quedó con el premio a Mejor Película en los Oscar 2020, vive en un espacio digno de una distopía: un departamento microscópico, conocido como banjiha, ubicado en el semi subterráneo de un edificio, donde apenas entra la luz natural y los pasos de los transeúntes son uno de los tantos ruidos que se cuelan en la vivienda.

Sin embargo lo que parece un retrato exagerado de la sociedad sur coreana es una realidad que se vive a diario en Seúl, la capital del país asiático. Creados en la década de 1970 con el objetivo de servir de búnkers para que la población se refugiara ante un eventual ataque de sus vecinos de Corea del Norte, estos espacios conocidos como banjiha fueron derivando en espacios para arrendarse como viviendas económicas a las que pudieran acceder quienes no tienen como costearse una más digna.

Fuente: BBC Mundo

Según un articulo de BBC World, “para los menores de 35 años, la relación entre el alquiler y los ingresos económicos se ha mantenido en alrededor del 50% durante la última década”. De esta forma, los banjiha se han covertido en la respuesta más eficiente a la continua alza en precios de viviendas.

“Los alquileres mensuales rondan los 540.000 wons surcoreanos (US$453), mientras que el salario mensual promedio de los veinteañeros es de dos millones de wons (US$ 1.679)”, informa el reporte.

De esta forma son mucho los jóvenes, incluyendo quienes estudian en la Universidad o están comenzado su carrera laboral, que se ven obligados a vivir en este tipo de viviendas.

Oh Kee Cheol vive en un banjiha mientras ahorra dinero para comprar una casa propia. Dice que le ha tomado cariño a su departamento, aunque desde la calle se puede ver todo hacia el interior y que no puede estar de pie en el baño.

“Elegí este lugar para ahorrar dinero y estoy ahorrando mucho. Pero he notado que no puedo evitar que la gente se compadezca de mí. En Corea del Sur, la gente piensa que es importante tener un buen auto o casa. Creo que los banjiha simbolizan la pobreza. Quizás es por eso que el lugar donde vivo define quién soy”.

La poeta Shin Hyun-rim se vio obligada a mudarse a un banjiha junto a su hija de cinco años en 2007. A los tres meses de vivir en su nueva casa, un ladró entró por la ventana que da a la calle y se vio obligada a poner barrotes en las ventanas.

Su experiencia habitando un lugar como este la plasmó en Banjiha Alice, un libro de poemas que publicó en 2017, donde compara el momento en que se vio obligada a trasladarse a este departamento diminuto y casi bajo tierra con la caída de Alicia de Lews Caroll cuando cae por el pozo eterno en el clásico Alicia en el País de las Maravillas.

Aunque en este lado del mundo esta realidad parece sorprender, los banjiha son comparados con las favelas brasileñas. Más aún, el aumento de inmigrantes en Chile y el boom inmobiliario, que tiene a los edificios de gran altura con cientos de departamentos orientados al arriendo a extranjeros, se están convirtiendo en habitaciones sin luz natural, donde las personas ya se ven obligadas a vivir todo el día con ampolletas prendidas, en espacios minúsculos para habitar.


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